Vender con el lenguaje no verbal

Tu discurso para la venta no se basa sólo en lo que dices, sino en cómo lo dices. Puedes tener toda la verborrea del mundo que si no la acompañas de los gestos adecuados, puedes estar generando inseguridad en tu interlocutor.

Algunos estudios argumentan que el lenguaje no verbal representa un 93% de la comunicación que transmitimos. Independientemente de lo acertada de esta cifra, está claro que representa un grueso fundamental de lo que transmitimos.

Por ello, hemos de tener en cuenta que su dominio es fundamental para la venta. En todo momento se produce un flujo de información no verbal que puede dar pistas de las necesidades o intereses que tiene nuestro cliente o que puede delatarnos ante la desconfianza en un argumentario comercial. Así que ten cuidado.

Lo más importante es que lo que decimos esté en sintonía con nuestros gestos, con nuestros movimientos, nuestra mirada y nuestro tono. La comunicación no verbal es clave para que la coherencia del mensaje llegue al cliente.

¿Quieres vender? Pues domina estas claves del lenguaje no verbal.

Ofrece seguridad y confianza. Y para ello debes conocer todos los aspectos del producto que vendes. Además, refuerza ese contenido con el contacto visual cuando nombres algunos aspectos importantes del producto, cuando surjan dudas al cliente y en el cierre de la venta. Mira a los ojos, con tranquilidad y sin timidez. El cuerpo también es importante aquí, no pongas tus manos en los bolsillos. Enséñalas y muéstrate como eres.

Muestra la pasión por tu producto. Si a ti te apasiona podrás trasmitir ese sentimiento a tu cliente. Apoya con gestos lo que dices, incidiendo en aquellos aspectos más emocionales, ejerciendo énfasis en ese desarrollo de ideas. Un truco importante es dejar ver las palmas de las manos abiertas para dar sensación de honestidad.

Juega con el tono. Este aspecto influye directamente en los dos anteriores. Los reforzarán o lo echarán todo a perder. El tono con el que decimos las cosas puede redondear un argumentario o hacerlo lamentablemente aburrido. Así que juega con él, pero con cuidado. Si no eres capaz de dominarlo mejor no lo hagas o podrías dar una sensación absolutamente ridícula.

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